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La homosexualidad y la homofobia: crasos errores. Solución: heterosexualidad y amor.

El amor lleva consigo respeto al derecho ajeno. Nos hallamos discurriendo como cubanos en estos días sobre dos extremos que han puesto a las personas en una disyuntiva en la que todos aún deben estar pensando: sobre si votar por el “si” o por el “no” acerca del proyecto de reforma constitucional llegada la fecha de hacerlo. Institucionalizar la homofobia es un peligro. La homosexualidad es otro peligro. Esa es mi opinión. ¿Para qué institucionalizar la homosexualidad? Es la pregunta que se hacen muchos y no sin razón. Crear el matrimonio homosexual no es la garantía para eliminar el problema de la homofobia. Muchos han explicado aún desde nuestros ambones y púlpitos de iglesia que de toda la vida ha existido homosexualidad y cualquier otra forma de inmoralidad, y sin embargo, aunque todo el mundo lo sabía, nunca se había propuesto institucionalizarla. Por mi parte digo que si se quiere respetar la igualdad y el derecho ajeno, habría que ver hasta dónde llega el deber y el derecho de cada quien. Porque si vamos a aprobar que dos personas se unan, no importando si son un hombre y una mujer, o dos hombres o dos mujeres, en base al derecho y la igualdad, yo digo: ¿entonces por qué no aprobar –con base en el mismo derecho y la igualdad- que se unan dos o más personas, o incluso una sola persona consigo misma por medio de la masturbación, lo que para muchísima gente es también algo inadecuado? Sí, porque se podría institucionalizar que la masturbación o los poli-matrimonios estén igualmente reconocidos en una ley o en la Ley de leyes. ¿No es interesante? Quería hablar de esto para hacer ver a mis lectores que hay todo un espectro de posibilidades en los que muchos no han pensado seriamente, y no solo las dos posibilidades que se nos proponen: matrimonio heterosexual de dos personas, y matrimonio no heterosexual de dos personas. Hay además 1, 2, 3 y muchos números hasta el positivo infinito, como también ha existido siempre las personas inmorales y promiscuas, y nunca fueron respetadas. Y no solo eso, en otros países se observan matrimonios entre una mujer y un árbol, un hombre y un animal…etcétera, etcétera. Si hay ideales de libertad y de igualdad, también tiene que haberlos de derecho y de deberes. O se da el derecho a una libertad ilimitada y a una igualdad ilimitada, o se mantiene solo el matrimonio heterosexual, que es el que todo el mundo siempre ha respetado y que está en nuestra tradición cristiana desde la antigüedad con sobradas bases. Sin embargo, quisiera añadir que, sea cual fuere nuestra decisión mayoritaria ese día del voto, la homofobia es tan peligrosa como la homosexualidad, y la mejor cura para las inmoralidades es el amor y el respeto de ambas partes a la dignidad del otro, y la verdad que es la que nos hará libres. Creo oportuno afirmar que si nosotros vamos a seguir una forma de interpretar las doctrinas de la Biblia y nos debatimos entre las denominaciones que sí aprueban la forma de pensar que se nos está proponiendo, consideremos que la propuesta es solo una de tantas formas de pensar. Yo creo lo mejor mantenerme en la posición tradicional pero en amor y respeto y, por tanto, diciendo no a la homofobia. Es por todas estas razones que me di cuenta y que decidí la eliminación del artículo Reforma propuesta por el Blog del Corvo para la Constitución sobre el Código de Familia.